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 Cuentos, poemas y dibujos de los niños y no tan niños
Este lugarcito es para todos los niños, niñas y los que ya están dejando la infancia. Algunos son mis amigos, otros han sido mis alumnos... ¡Gracias a todos quienes me envían sus cuentos, poemas y dibujos! Gracias a todos quienes participan de "Había una vez". Gracias por escribir a conellapizylavoz@yahoo.com Gracias por regalar tanta ternura, ilusión, fantasía... Gracias por ese mar de letras y por hacer florecer todas las magias
¡Besos!

 Textos de los niños publicados: 12
 DUDU Los niños de 2º año del colegio St. David’s de Montevideo dicen que en su salón apareció un personaje misterioso, pícaro, muy silencioso y movedizo… Hmmm, no sé si creerles. Bueno, de cualquier manera aquí está lo que me mandó María Lupe, su maestra
Dudu hace cosa que no están bien: rompe hojas, apaga la luz, raya el pizarrón y revuelve las mochilas y deja todo desordenado. Ella aparece y desaparece por distintos lados porque es chiquita y transparente. Creo que esto lo voy a plantear el viernes en la asamblea.
Sebastián

Un día Dudu se puso a jugar con la estufa. La prendía y la apagaba hasta que la rompió. ¡Qué desastre! ¡Y qué frío! La maestra y todos la retamos, pero ella no entendió nada. Espero que no lo vuelva a hacer.
-¡Dudu, sos una pilla!
-Sí, soy una pilla –dijo.
¡Dudu! ¡Dudu!
Kailey

Una mañana estábamos trabajando tranquilos y se apagó la luz. Al rato se prendió, después se volvió a apagar y a prender. Así pasó mucho tiempo. Dudu parecía un semáforo, ahora prendía ahora apagaba. Todos le pedimos que dejara la luz prendida para trabajar. Ella entendió y le agradecimos. Y sintió que tenía 22 amigos.
Emma

Aquella vez Dudu entró al salón y empezó a comer todo. Primero se comió los ventiladores, después los libros, luego las mesas, los estantes, el grabador y todo lo que le quedaba.
Cuando llegamos no podíamos creerlo. Tuvimos mucho miedo que nos quisiera comer a nosotros. Pero ella ya no tenía más hambre. La retamos y nos prometió comer solo su comida.
Agustín

La semana pasada Dudu apagó todas las luces de la clase. Lo hizo en silencio. Cuando nos repartieron los cuadernos a cada uno y estábamos trabajando, Dudu empezó a mover las hojas en distintos lugares. En ese lío se puso a tocar el tambor, fuerte, muy fuerte. Pero por fin se prendió la luz y por un rato hubo tranquilidad.
Agustina

Estábamos haciendo una tarea en la clase, mientras Dudu dijo si podía ir al baño. Lupe le contestó que sí, pero rápido.
Al rato, como Dudu no volvía, nos preocupamos. Ella haía ido a buscar la planta de electricidad y la encontró. Bajó y subió la palanca como 10.000.000.000 de veces. De repente toda la línea del ecuador para abajo se quedó sin luz y electricidad. Toda la clase gritó: ¡Dudu! Lupe dijo misión y todos los niños nos aprontamos. Cuando la encontramos, la rezongamos y la dejamos sin jugar con el play station, sin ir a los paseos y haciendo 100 veces los deberes. Fue un gran castigo, pero se lo merecía.
Santiago

Dudu apagó las luces porque es muy traviesa y muy mala. Parece una diabla. Las apagó porque quería distraernos y no las prendió más. Las tenemos que prender nosotros.
Casi siempre creemos que es un apagón, pero la descubrimos porque se ríe mucho. La pusimos en penitencia y se escapó. No nos dimos cuenta, ella es ágil, pequeñita, corre muy rápido y además es transparente. Se parece a Remi, el ratón de “Ratatouille”.
Gastón

Ese día Dudu primero se fue al árbol. Arrancó todas las hojas que pudo y volvió para tirarlas en nuestros bancos. Después hizo cosquillas en algunas cabezas. Cuando me las hizo a mí, le dije a Constanza que no me las hiciera y ella me dijo que no haba sido. La culpable de todo era la bandida de Dudu, que aprovechaba porque era transparente.
Pedro

Hoy temprano Dudu se trepó a la cartelera y desordenó todo lo que había en ella. Volaban carteles por todos lados y ella muy contenta. Salió disparando, la buscamos, pero se escapó así nomás. Todos dijimos ¡Ay, Dudu! ¡Qué bandida que sos! Tenés que portarte bien, por lo menos un día en el año.
María Eugenia




 EL TWIST DEL HUEVO FRITO
Una tarde de mucho calor los padres de Sebastián y Josefina se fueron de viaje. Los dos hermanos estaban muy pero muy aburridos. Luego de un rato Sebastián le dijo a su hermana
- ¡qué tal si hacemos una fiesta!.
Josefina sin pensarlo le contestó con una gran sonrisa. La idea de su hermano le había parecido genial.
Los dos comenzaron a preparar la gran fiesta. Decidieron que sería una fiesta distinta, la fiesta sería en la cocina.
Cacerolas, sartenes, espátulas, cucharones, vasos, cubiertos y todo aquello que vive en la cocina estaba listo para la fiesta.
Jose puso aceite en el sartén. Iban a cocinar huevos fritos.
Después que clara y yema cayeron a la sartén empezaron a bailar ya que el aceite burbujeante les hacía cosquillas. Todos los invitados quedaron muy asombrados al ver que el huevo bailaba sin parar. Seba, al verlo tan agitado, se dio cuenta que lo que el huevo bailaba era el baile del TWIST.
Todas las cosas de la cocina se sumaron al baile, nada quedó en su lugar, todo se movía de acá para allá sin parar.
De pronto al huevo le aparecieron ojos, nariz y boca y les dijo:-chicos, suban la música y ¡todos a bailar!
Desde ese día cada vez que Jose y Seba comen huevos fritos, al son del twist, bailan sin parar.

Valeria, Belén, Nicole, Micaela
3er. año Colegio St David's

 Topolirio
Topolirio era una especie de pulga o bicho raro que le encantaba meterse adentro de las cosas. Es decir; adentro de las personas, de los televisores, de los muebles, lo que venga. Ni te cuento cuando se metió adentro de un libro! Ah... era el libro de Jacinto que siempre llevaba a la escuela. Ese día la maestra dijo: “Lean la página 26 del libro Nuestra Tierra.” Justo en esa libro y en ese página, estaba Topolirio. El sinvergüenza cambió las letras de lugar. Había una frase que decía: “Cuidemos el medio ambiente.” Y Topolirio había puesto: “No cuidemos el medio ambiente, cuidémoslo entero.” La maestra le pidió a Jacinto que leyera para toda la clase y Jacinto leyó: “No cuidemos el medio ambiente, cuidémoslo entero”. La maestra pensó que Jacinto no sabía leer pero era Topolirio que hacía cualquier zafarrancho, y como era chiquito, nadie lo veía. Cuando sonó el timbre de salida, Jacinto cerró el libro y... ¡ZAS! Topolirio quedó aplastado.
Éste Topolirio, mirá donde se mete!
¡¿Y cuando se metió adentro del teléfono?! Topolirio había hecho como un camping. Había llevado una canasta llena de sánguches con mermelada, refuerzos de jamón y queso, bebida, alfajores, fruta, y hasta una pelota para jugar! Había invitado a todos sus amigos, pero aún no habían llegado. Rosalí, la madre de Jacinto, iba a llamar a su amiga Soledad, porque el marido estaba muy enfermo y quería saber como estaba. Cuando Rosalí agarró el teléfono, se veían caer las miguitas de pan del refuerzo de Topolirio. ¡Y eso no es nada! Lo peor, es que Topolirio empezó a jugar con las teclas del teléfono. Saltaba y saltaba. Y cuando Rosalí iba a marcar, en vez de llamar al número que ella quería, Topolirio había discado el número de teléfono de otra casa. Rosalí le dijo a Jacinto: “¡Estás en penitencia! Ya te dije que no comas mientras hablás por teléfono!!!”
Una vez se metió adentro de una manzana, ¿pero que creés? Un gusanito ya vivía ahí y lo echó a patadas.
Y aquella vez que se metió a dentro de un cuadro... era una foto de Rosalí y Carlos, los padres de Jacinto, besándose el día de su boda. Y Topolirio convirtió la imagen en un horrendo monstruo terrorífico. Rosalí amaba esa foto. Cuando vio ese monstruo además de morirse de miedo, se tiró al piso y empezó a gritar, patalear y chillar cómo loca. De pronto gritó: ¡¡¡Jacintooo!!! Y claro... Topolirio no se ligaba una, pero el pobre Jacinto sí! Y bueno, esa era la vida de Topolirio! Ten mucho cuidado con tus cuadros, cuando comas una manzana, o cuando llames a alguien...porque sino llega Topolirio y...


Autora:
Nombre: Julieta Pomi
Edad: 11 años
Escuela: No. 218 (Lomas de Solymar)


 Mi lápiz mágico
Retrocedo en el tiempo… cuando era escolar…
¡Hola! Yo soy Joaquín, a mí me va bien en la escuela, aunque la ortografía no me favorece. Mejor dicho no me favorecía hasta ahora.

Antes de este milagro escribía feo, desprolijo y con letras enormes.
El único lápiz que tenía era de punta muy gruesa, eso significa que no podía hacer letra fina y prolija.
Fui a la casa de mi abuelo sabiendo que algún lápiz podrá darme.
En efecto, tenía mucha variedad de ellos.
Me recomendó uno muy viejo y medio corto.
Él me dijo que tenía algo especial y que nunca se le había gastado la punta.
Me lo guardé en el bolsillo y partí hacia casa.
Al otro día en la escuela, escribía más rápido y mucho más prolijo. ¡Al escribir se me calentaba la mano! ¡Y todo lo tenía bien!
Nunca más tuve problemas con la ortografía. ¡Por suerte!...

Jamás lo dejé de usar, ahora que tengo 72 años, lo sigo utilizando, aunque de vez en cuando se lo presto a mi nieto.



Joaquín Vignoli
4º MF5 Colegio Alemán
Uruguay

 Una pulguita espacial
Había una vez... y así comienza la historia de Jacinta.

Jacinta era una pulguita que vivía en la ciudad de Minas, solita, solita, vivía. Quería tener aunque sea una garrapatita de hija para no estar tan sola, pero eso no es lo que importa, lo que en realidad importa es lo que pasó el 28 de Octubre del 2001.

El día de su cumpleaños Jacinta pidió un deseo (como en todos sus cumples), su deseo fue poder viajar alguna vez a las estrellas. Obviamente pensaba que había desperdiciado su deseo porque nunca se le iba a cumplir, así que para levantarse el ánimo se fue al Shopping. Caminó hasta la parada del 181 y se tomó el ómnibus. Pero al llegar al Shopping se sorprendió porque estaba muy cambiado y pensó:
-¡¡¡LO DEBEN HABER REMODELADO HACE MUCHO TIEMPO Y NO ME ENTERÉ PORQUE HACE TRES AÑOS QUE NO VENGO POR ACÁ!!! -y sin pensarlo mucho entró.
Una sorpresa más grande aún se llevó al ver que en el Shopping había dos hombres sentados en dos sillas negras, máquinas y botones por todos lados y para peor de peores a los cinco minutos de entrar, se empezó a mover todo.
Justo en ese momento se dio cuenta que estaba en una pista de despegue de cohetes y que lo que ella había confundido con el Shopping era ni más ni menos que un cohete espacial.

Jacinta en vez de gritar y pedir auxilio para que detengan el despegue como cualquier bichito normal, se agarró fuerte del pantalón de uno de los astronautas y se fue con ellos a la luna.

Una vez en la luna conoció a una pulguita lunar, se casaron y tuvieron pulguitititas.
Pero no crean que nunca más volvió a la Tierra, ¡¡¡no!!!.
De vacaciones se tomaban un cohete directo a la Tierra y para sus hijitos y esposo era como ir a "Punta del Este Lunar".

Fin.

Autora: Joselhin Sánchez
Fecha nacimiento: 16/12/95
Escuela: nº 101 "Carmelo Colman" 6ºA


 El helado mágico
Un día de verano, cuando Carolina salía de la escuela, su mamá le compró un helado.
Cuando lo agarró sintió una vocecita que le decía:
–Hola, ¿cómo te llamás? Yo me llamo Calippo Rodolfo 3º.
Y la nenita rápidamente miró para todos lados, pero no vio nada.
Cuando llegaron a la casa el helado estaba casi derretido.
Carolina lo puso en el freezer, y el heladito se sintió mucho mejor, aunque Carolina no supiese que el heladito tenía vida.
A la noche, cuando Carolina fue a comer el calippo, Calippo Rodolfo 3º le volvió a hablar diciéndole:
–¡Por favor! ¡No me comas!
–Pero, pero… ¿Cómo puede ser? –dijo Carolina.
Y el calippo dijo:
–Sí, puede ser, esta noche te voy a contar unos chistes que están re buenos.
–Entonces no puedo comerte.
Carolina cenó muy rápido para ir a la cama.
Luego el calippo empezó a contar.
Estuvieron toda la noche jua jau jua. Y a la 1:00 en punto de la mañana el calippo le dijo:
–Ahora puedes pedir un deseo y después comerme.
Y Carolina pidió un deseo pero no se lo comió y volvió a guardarlo en el freezer. Y siempre que tenía ganas de reírse, Carolina abría la heladera y le pedía al calippo que le contara chistes.


 Y mi regalo, ¿dónde está?
Año tras año era lo mismo, por las calles del caluroso verano en el mes de diciembre y en las escuelas siempre estaban las mismas preguntas
-Maestra, ¿cuando terminan las clases?
Sí, es cierto que se oye esa pregunta, pero hay otra que también se escucha en los salones de 4to, 5to, 6to y a veces en los de 3ro es:
-¿Vos sabés quién es Papá Noel?
Y siempre era la misma respuesta:
-Sí.
A excepción de un niño llamado Agustín el estaba en 4to y no sabía la verdad, entonces todos le preguntaban:
-¿Alguna vez Papá Noel te dejo lo que pediste?
Y el siempre respondía:
-Dejame pensar, espera un poquito....eh....no que yo sepa no.
-Bueno, ¿y entonces por qué seguís creyendo en algo que no es verdad?
-Es porque si es verdad. Y antes de terminar la conversación sonó el timbre del recreo.
Al llegar el 24 de diciembre a las 00hs de la noche no le dejó lo que había pedido (él había pedido un libro) y lo que le dejó Papá Noel lo decepcionó mucho y en vez de dejarle un libro le dejó un par de medias de Barney.
El tenía 9 años, pero sus padres lo trataban como un bebé; en ese preciso momento el dejó de creer en Papá Noel.
Al año siguiente, desconfiado de que sus padres le dieran lo que el quería; fue hacia el árbol de navidad y, ¿saben lo que encontró?, su libro lo que siempre había deseado.
Fue y le dio las gracias a sus padres, pero sus padres, no sabían porque les daba las gracias.
Entonces si no fueron sus padres solo pudo ser una persona: Papá Noel.
Y desde ese entonces, cada navidad al lado del árbol, Agustín siempre dejaba leche y galletas para Papá Noel, y cuando quería acordar ya no estaban.

Belén Bellas
10 años
Montevideo


 EL SEÑOR DE LOS SOMBREROS
Una vez un señor hizo un gorro extraño. Era tan raro que nadie sabía que era un sombrero. Pero él se sentía muy cómodo. Un día el señor conoció una mujer con un sombrero tan extraño como el de él. Se enamoraron y se casaron. Cuando se fueron de luna de miel la gente los miraba y les decían:
–¡Qué raros esos sombreros!
Pero ellos no le daban importancia porque eran como ellos querían y nadie los mandaba.
Un día tuvieron un bebé. Al bebé le pusieron un sombrero extraño. El niño se sentía solo, entonces le compraron un perro con sombrero.
Cuando el niño fue a la escuela, su sombrero era tan grande que se chocaba con todos. Pero a sus compañeros les gustaba y querían un sombrero igual. Entonces el papá hizo más de cien sombreros diferentes y extraños y los repartió a todas las clases. Los niños se sintieron contentos y con la cabeza abrigada.

Cuento colectivo (niños de 3er. año, escuela 101, MONTEVIDEO)

 LOS TRES CHANCHITOS: CURLY, LARRY Y MOE
Érase una vez tres chanchitos que tenían veinte años y decidieron que cada uno iba a vivir solo.
Curly se hizo una casa de piedras y Moe le decía:
–Va a venir Cenicienta y pateará y tu casa se caerá.
Larry se hizo una de chapa y Moe le dijo:
–Va a venir Cenicienta y pateará tu casa y se te caerá.
Y Moe se hizo una de plomo.
Y un día vino Cenicienta y le dijo a Curly:
–Sal, o si no patearé y tu casa se derrumbará.
Y pateó y se cayó.
Después le dijo a Larry:
–Sal, o si no patearé y tu casa derrumbaré.
Y pateó y se cayó.
Después se fue a lo del otro cerdito que era Moe. Y Cenicienta pateó y se rompió el pie y ella se fue y no volvió más.

 EL NIÑO Y EL LÁPIZ MÁGICO
Había una vez un niño que tenía un lápiz mágico.
Ese niño llamado Pericles era muy buen deportista.
Vivía en el barrio Borro. Le gustaba el atletismo y el fútbol y era de Defensor Sporting Club. También hacía natación.
Tenía un perro llamado Firuleis. Su familia tenía nombres pocos habituales.
El niño tenía un trato con el lápiz y era que el lápiz le haría los trabajos.
Pero el lápiz le había puesto una condición, y era que el niño no le sacara punta, a no ser que se le quebrara. Un día había un examen y el lápiz estaba muy malo y le clavó la punta en la mano y por eso el lápiz se cayó al suelo. El lápiz estaba muy triste por haber hecho eso. Se escapó de la escuela y volvió a su guarda lápices en la casa de Pericles. En el guarda lápices había un color muy lindo. Era una lápiz de color rosado, joven y muy buena. Se enamoraron y aprendieron a vivir juntos. El niño pasó el examen sin el lápiz con un 12. Él era un genio pero no se había dado cuenta que era inteligente. Así aprendió a trabajar sin el lápiz mágico. El lápiz rosa y el lápiz negro tuvieron muchos lapicitos mágicos.


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